ÁMSTERDAM, NLD. Pacientes con enfermedad de Parkinson con un sueño profundo (definido como un sueño de ondas amplias) tienen una progresión más lenta de la enfermedad, en comparación con quienes tienen sueño ligero, señala nueva investigación.[1]

De ser así, mejorar el sueño profundo puede ser un objetivo de tratamiento en pacientes con enfermedad de Parkinson, expresó el Dr. Simon Schreiner, del Departamento de Neurología, en la Universidad de Zurich, en Suiza.

“La interrelación que observamos entre el sueño de onda lenta y la progresión de la enfermedad de Parkinson fue robusta”, señaló el Dr. Schreiner. “Indica que el sueño con más onda lenta pronostica un avance más lento de los síntomas axiales, así como de la marcha y la función postural en pacientes con enfermedad de Parkinson”.

El Dr. Schreiner presentó su estudio en el Congreso de la European Academy of Neurology (EAN) 2017.

Las alteraciones del sueño son comunes en la enfermedad de Parkinson. Se considera que la neurodegeneración subyacente afecta al sistema cerebral que regula el ciclo de sueño y vigilia, indicó el investigador.

Sin embargo, cada vez hay más evidencia de una relación bidireccional: Que las alteraciones también influyen en la neurodegeneración, lo mismo que lo opuesto.

De gran importancia

Asimismo, el investigador señaló: “Esto es de gran importancia. Si es verdad, podría conducir a un ciclo vicioso que origina neurodegeneración acelerada a consecuencia de los trastornos del sueño. Por otra parte, podría ofrecer posibilidades de tratamiento dirigidas a mejorar el sueño”.

Los expertos consideran que el sueño profundo (sueño de onda lenta) es el tipo de sueño más restaurador. Puede tener una influencia positiva en la neurodegeneración al promover la eliminación de toxinas cerebrales, como β-amiloide, y posiblemente α-sinucleína (una proteína neuronal presináptica vinculada a enfermedad de Parkinson).

El Dr. Schreiner y sus colaboradores llevaron a cabo un análisis retrospectivo de 131 pacientes consecutivos con enfermedad de Parkinson (media de edad: 62,6 años; 34% mujeres), que fueron atendidos en su clínica de pacientes ambulatorios con trastornos del movimiento. En todos se había llevado a cabo polisomnografía.

La media de duración de la enfermedad de estos pacientes era de 5,2 años. La mediana de tiempo entre el inicio y la polisomnografía era de 3 meses.

Los investigadores recolectaron datos clínicos en dos lapsos de seguimiento: Al inicio, y un seguimiento de por lo menos 2 años después. Durante estos exámenes, los investigadores obtuvieron puntuaciones de la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson (UPDRS). También analizaron un índice de siete síntomas en la UPDRS 3 (factor de progresión), el que, según el Dr. Schreiner, indica mejor cuál es la progresión de la enfermedad de Parkinson.

Estos siete síntomas son lenguaje, hipomimia, levantarse de una silla, postura, marcha, estabilidad postural, y bradicinesia postural.

Para cuantificar el sueño profundo, los investigadores utilizaron una medida llamada energía de onda lenta (SWE). “Esta medida representa la profundidad y la duración del sueño de onda lenta”, manifestó el Dr. Schreiner.

De igual manera, el investigador señaló que la muestra del estudio representaba “una cohorte de un escenario de la vida real”, en que los pacientes recibieron “mejor tratamiento médico en cada momento de seguimiento”.

Durante una media de tiempo de observación de aproximadamente 5 años, se incrementó de manera estadísticamente significativa la dosis de levodopa, lo mismo que la puntuación en la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson y el “factor de progresión”.

“Como era de esperar, hubo una progresión de la enfermedad de Parkinson”, indicó el Dr. Schreiner.

Los investigadores dividieron la muestra en pacientes con sueño profundo (SWE elevada) y con sueño ligero (SWE baja). Los grupos fueron similares por lo que respecta a edad, duración de la enfermedad, y subtipos clínicos (temblor, acinético-rígido, mixto). “Considero que es importante comparar a estos dos grupos”, expresó el Dr. Schreiner.

Asimismo, el investigador añadió: “Sin embargo, hubo más mujeres en el grupo con sueño profundo. Esto es muy congruente, ya que es sabido que las mujeres tienen un sueño más profundo que los hombres”.

Al inicio no hubo diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en cuanto a la puntuación en la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson o la dosis equivalente de levodopa. No obstante, en el seguimiento, los pacientes con sueño profundo tuvieron valores estadísticamente significativos menores en la puntuación en la escala y la dosis equivalente de levodopa (p < 0,001 y p = 0,04, respectivamente).

Por lo que respecta al factor de progresión de la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson, no hubo diferencias entre los grupos al inicio, pero se observaron “diferencias notables con puntuaciones mucho más altas” para los pacientes con sueño ligero, en comparación con aquellos con sueño profundo (p < 0,001) en el seguimiento.

“Clínicamente la progresión fue mucho más rápida en el grupo de pacientes con sueño ligero, frente al grupo con sueño profundo”, señaló el Dr. Schreiner.

Este hallazgo fue confirmado por una “interacción fuertemente significativa” de la medida de energía de ondas lenta (elevada y baja) en el curso del tiempo.

Nuevo hallazgo

Una limitación “evidente” del estudio fue su diseño retrospectivo, aunque las relaciones que se descubrieron fueron “robustas”, señaló el Dr. Schreiner, añadiendo que aun cuando el hallazgo es novedoso, es necesario reproducirlo “idealmente en forma prospectiva.

Estudios futuros deben valorar si el sueño de onda lenta puede ser un marcador de progresión de la enfermedad de Parkinson, y si tiene un efecto directo o indirecto sobre la evolución de la enfermedad, indicó el investigador.

Al cuestionarle sobre los medicamentos que interfieren en la calidad del sueño, el autor y sus colaboradores trataron de hacer el control respecto a esto. Se sabe que los agonistas de la dopamina, en particular, afectan el sueño de onda lenta.

“Incluimos estos medicamentos como variables de control, y realmente no observamos un efecto”, comentó el médico.

Si el sueño profundo enlentece la evolución de la enfermedad, el co-presidente, Dr. Alberto Albanese, profesor de neurología, del Instituto de Neurología, en la Università Cattolica del Sacro Cuore (UCSC), en Milán, Italia, cuestionó sobre la diferencia que esto tendría por año en la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson.

El Dr. Schreiner señaló que en el estudio, la diferencia para la puntuación de suma total en la escala “no fue tan acentuada, pero aún así, persistió”.

Sin embargo, por lo que respecta al límite de progresión (los siete síntomas)  “hubo una progresión muy intensa en un grupo, y una progresión no tan considerable en otro”, comentó el investigador.

Un asistente al congreso señaló que no existe un verdadero acuerdo en torno al empleo del “factor de progresión de la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson”.

 Referencias: Schreiner S, Imbach L, Werth E, Murer T, y cols. Deep sleep and progression of Parkinson’s disease. Congreso de la European Academy of Neurology (EAN) 2017. Presentado el 26 de junio de 2017. Ámsterdam, Países Bajos. Resumen O3207