En pleno siglo XXI, todavía hay profesiones sobre las que pesa un halo de prejuicio o ignorancia, por lo general aquellas que de forma directa o indirecta se relacionan con el sexo. Para muestra de ello, la chamba de los ginecólogos, que tienen que lidiar con prejuicios por partida doble: por un lado los colegas médicos y por otra parte por la gente que ve su actividad “desde afuera”. ¿Qué es lo más difícil de su chamba? ¿Cuánto ganan? ¿Son morbosos? ¿Se vuelven insensibles a la muerte? Platicamos con ‘Rorro’ y nos contó algunos aspectos de su profesión que van de lo divertido hasta lo difícil y escabroso.

Primero que todo, ¿qué te llevó a elegir tu profesión?
Yo desde niño quise ser médico. Ya cuando estuve en la carrera pensé en ser cardiólogo, cirujano o neurocirujano. Siempre me decía: “YO JAMÁS SERÉ GINECÓLOGO”. Pero ya cuando pasé por las clases de ginecología y las prácticas, me di cuenta de que conjuntaba mucho de lo que yo quería como profesionista. Además de la atención de los partos, ves endocrinología y también tiene su lado cirúgico, porque operas. Era ver la medicina de forma integral, y eso me gustó mucho.

¿Y por qué rechazabas tanto la ginecología?
No, para nada. Más bien era porque en mi ignorancia, pensaba que los ginecólogos eran muy weyes. Me parecía algo sin chiste, que cualquiera podía hacer.

Y supongo que no resultó tan fácil como pensabas…
No. Estando en las prácticas y en los primeros partos decía “ay qué bonito”. Pero ya cuando estás en la especialidad como tal, te enfrentas a tus primeros casos de muertes, pacientes que se complican, que acaban sin útero, en fin. Y es ahí cuando me di cuenta de que era un mundo bastante complejo.

Hablando de esos momentos delicados o difíciles, ¿recuerdas alguno en particular?
Hay pacientes que llegan ya con un bebé muerto y tú les tienes que dar la noticia, o con alguna malformación que no había detectado previamente. Si me preguntas de un caso en específico, te puedo contar el de una chica de 22 años que tenía una complicación que se llama placenta previa y percretismo, que es una placenta que se pone por donde debería nacer el bebé. La paciente llegó con sangrado y con un embarazo de 4 meses. ¡A sus 22 años ya era su quinto embarazo! Tenía en su historial dos partos, una cesárea y un legrado. Recuerdo perfecto la fecha: era un 2 de noviembre de 2009. La metí a quirófano, la cirugía duró como 5 o 6 horas y no pude hacer más por ella. Se me murió. Hasta este día recuerdo a esa mujer. Siempre.

Supongo que debió impactarte mucho esa experiencia para que me la cuentes con tanta claridad. Cuando pasa algo así, ¿cómo le das la noticia a los familiares?
No es nada fácil. No hay ninguna técnica o secreto, yo trato de ser lo más cálido posible, pero también decirles la verdad desde el principio cuando hay riesgo de muerte. Y si esto ocurre, aunque ya los hayas preparado, nunca es sencillo decirles “tu familiar llegó vivo, y ahora está muerto”. Yo lo que habitualmente hago es pasarlos a mi oficina, les ofrezco un café, intento tener alguna especie de contacto, por lo menos visual. A veces les toco la mano o el hombro, les ofrezco un espacio para que se desahoguen. Dentro de mis posibilidades me pongo a su disposición para facilitarles el momento, porque también estoy consciente de los trámites engorrosos que hay en las instituciones públicas. Pero sobre todo los escucho. Siempre necesitan que alguien los consuele y los escuche.

Me sorprende que me digas esto de la cercanía, porque los médicos tienen cierta fama de ser insensibles en lo tocante a temas como la muerte. ¿Esto es cierto? ¿Se van endureciendo como profesionales al estar en contacto con la muerte como parte de su trabajo cotidiano?
¡Qué pregunta tan fuerte! Yo creo que la gran mayoría de los médicos sí se desensibilizan. Yo no es que me haya desensibilizado, más bien he aprendido a ver la muerte como un proceso natural. Sin embargo lo respeto mucho y entiendo su contexto: el dolor y el duelo son reales y deben manejarse. Yo en ese sentido soy un médico medio raro, pero puedo decirte que la gran mayoría de los médicos sí se desensibilizan y terminan siendo fríos y duros. Yo he visto a muchos de mis compañeros ser distantes e impersonales. Los oigo hablar de “la de la placenta percreta” o “la de la eclampsia”, no de la señora Fernanda, por decirte un nombre. Ni siquiera saben sus nombres. No es un mito. A veces el cansancio o la sobrecarga de trabajo han hecho de los médicos seres muy deshumanizados.

De $alario$ y otro$ demonio$

Hablemos de dinero. ¿Qué especialidades son las mejor pagadas?
Habitualmente los quirúrgicos somos mejores pagados que los clínicos. Yo que opero gano mucho más que alguien que sólo da consulta. Por eso es que los ginecólogos, cirujanos, los ortopedistas, todos los que entramos a quirófano, ganamos bastante más. Y de ahí para abajo. Los que ganan menos son los médicos generales.

Pero pongámoslo en números. ¿Cuánto ganas tú, por ejemplo, al mes?
En meses altos poco más de 80 mil pesos al mes. En meses flojos por ahí de los sesenta. Así que un mes promedio está entre 60 y 80, esto entre mis consultas y las dos instituciones en las que trabajo.

Pues nada mal, la verdad. Oye, me decías que los médicos generales son los que ganan menos. ¿Qué opinas de aquellos que terminan dando consultas en ‘Simiconsultorios’?
No podría juzgarlos tan fácilmente, pero sí estoy totalmente en contra de que la medicina esté tan malbaratada y se den consultas de 10, 20 o 30 pesos. La mayoría de ellos son médicos generales y es su manera de subsistir. Si como médico general quieres ganar bien tienes que amarrar una plaza en un hospital general o un centro de salud para que más o menos te salga. Pero cada vez es más difícil encontrarlas. O poner tu consultorio privado y bien equipado, pero eso necesita inversión. Supongo que es la desesperación la que los orilla a aceptar ese tipo de cosas y terminan dando consulta de diez pesos.

Y en cuestión de calidad. ¿Las consultas y diagnósticos que se dan en estos lugares consideras que son buenos?
La neta no, jaja. Yo creo que un médico general sabe poco de muchas cosas. Muchas veces terminan derivando las cosas a un especialista y habitualmente el paciente llega con un diagnóstico mal hecho. Pero vaya, ellos necesitan consultas por volumen, tener 50 pacientes de 5 minutos cada uno, para que sea redituable dar consultas en 10 pesos. Pero imagínate tú la calidad de la consulta.

Ya me hablaste hace rato de una experiencia difícil, pero ¿alguna desagradable? Seguro al ser ginecólogo te han tocado…
Te voy a contar una historia que parece de ultratumba, ja ja. Una vez me llegó una chica que llegó con un desgarre vaginal HORRIBLE. Ella argumentaba que le ocurrió mientras tenía relaciones sexuales con su novio. Lo primero que pensé es que el hombre estaba muy dotado o estaban muy intensos. Pero quién sabe qué tan intenso estaría, porque parecía que le habían medito un gancho de esos de pescar y se lo hubieran metido hasta el fondo de la vagina y le hubieran desgarrado todo. El desgarre era tal que le llegó hasta el recto, hasta la zona del ano. Fue una cosa horrible.

Gulp. Hablemos de otro tipo de momentos difíciles. Cuando una paciente quiere abortar, ¿tú qué haces? ¿Las canalizas a alguna institución?
Las oriento, pero soy muy respetuoso de sus decisiones. En el Estado de México es muy complicado porque ahí aún no es legal, sólo en la Ciudad de México y sólo los hospitales del gobierno están autorizados para realizar una interrupción.  Yo les doy los tips para que lleguen en tiempo y forma a estos hospitales. Pero en la privada es más sencillo. Ahí sí hago las interrupciones, ya sea por legrado, aspiración o por medicamentos. La verdad prefiero eso a que vayan a una clínica patito o que hagan cosas como meterse agujas o ganchos de tejer para expulsarlo, o se tomen los tes como les dice su vecina. Porque es por eso es que llegan con complicaciones severas y es cuando nosotros tenemos que realizar acciones heroicas para salvarlas.

Fuente: http://www.chilango.com/general/lo-que-callamos-los-ginecologos/