La córnea es la estructura transparente en forma de cúpula en la parte frontal del ojo. La córnea refracta la luz y constituye alrededor de dos tercios de la capacidad óptica total del ojo. Alterando la curvatura de la córnea se cambia la manera en la que los rayos de luz entran en el ojo. Como resultado, los rayos de luz pueden ser enfocados adecuadamente en la retina para una visión más clara. Para gente con miopía, el láser es utilizado para aplanar la córnea. Para gente hipermétrope, la córnea se hace más abrupta. Para pacientes con astigmatismo, el láser es utilizado para suavizar la córnea de forma irregular en una forma más regular.
La capa externa de la córnea – el epitelio – es capaz de reemplazarse a sí mismo en cuestión de unos días tras haber sido dañado o extirpado. La capa más profunda de la córnea – el estroma, al contrario, es un tejido corneal permanente de muy limitada capacidad para regenerarse. El estroma, si es reformado por un láser, permanecerá de esa forma permanentemente.
En este procedimiento, una “lámina” delgada y circular es creada en la superficie de la córnea para ganar acceso al tejido corneal permanente. Esto puede ser realizado con una herramienta de corte mecánico llamada microqueratomo, o, para un caso sin bisturí, por un láser de femtosegundo. Un láser excímer es entonces empleado para retirar algo de tejido corneal para reformar la córnea. El láser excímer utiliza rayos fríos de luz ultravioleta para vaporizar cantidades microscópicas de tejido de una manera exacta para reformar la córnea con precisión. El láser excímer está controlado por ordenador y es programado en base al error refractivo del paciente. A continuación, la “lámina” es puesta en su lugar y se le permite cicatrizarse.
La cirugía de ojo LASIK es generalmente indolora y puede ser completada en minutos. Una visión mejorada puede percibirse de un día a otro.
La PRK, o queratectomía fotorrefractiva, fue el primer tipo de cirugía ocular láser para corrección de la visión y es el predecesor del popular procedimiento LASIK. En la PRK, no se crea ninguna “lámina”. Más bien, las células epiteliales en la superficie del ojo son simplemente extraídas. Un láser excímer es entonces utilizado para reformar la córnea tal como se hace en LASIK.
Los resultados de la corrección de la visión de la cirugía PRK son comparables a los de LASIK, pero el período de recuperación es más largo. Esto es porque el epitelio se ha extraído por completo en PRK y se necesitan unos días para su regeneración. Los pacientes de PRK también sienten mayor incomodidad y borrosidad en la visión en los primeros días tras la cirugía. La mejora en la visión también tarda más tiempo en conseguirse.
La PRK, no obstante, ofrece determinadas ventajas. La PRK al no involucrar la creación de una “lámina”, la cual contiene tejido tanto epitelial como el profundo estroma, la completa capa del estroma está disponible para tratamiento. El alcance del tratamiento es por tanto más elevado. Esto es particularmente útil para pacientes con altos niveles de miopía o para esos cuya córnea es demasiado delgada para el LASIK. PRK está también libre de riesgos de complicación en relación a la “lámina”